El pan durante la guerra

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Durante la Primera Guerra Mundial, el pan se convirtió en un alimento de lujo debido a su escasez ya que no había trigo porque los campos eran utilizados para llevar a cabo las batallas. Además, muchos panaderos eran utilizados como soldados por lo que encontrar a personas físicamente capaces de hacer un amasado manuel no era sencillo. Fueron las mujeres quieren tuvieron que sustituir a los hombres en estos trabajos, sin embargo, para su realización desarrollaron materiales que les facilitaban en el trabajo como, por ejemplo, las artesas mecánicas.


Fue gracias a la importanción de trigo por parte de América que Europa pudo sobrevivir. No fue hasta los años 20 cuando el pan volvió a estar accesible. Fue en estos años cuando nació la baguette que tuvo un éxito enorme y, además, se convirtió en un símbolo de Francia.


Pero esta alegría duró pocos años, ya que con el estallido de la Segunda Guerra Mundial volvió la desolación y la penuria. El pan fue racionado y era de muy mala calidad. Se trataba de un pan gris preparado con una mezcla de harina integral, trigo y harinas de cebada, mazíz, arroz, patata, etc.